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viernes, 8 de abril de 2016

Grandes errores de la arquitectura: El puente de Tacoma Narrows

Uno de los grandes errores de la arquitectura y sin duda uno de los casos más curiosos que existe, es el caso del puente de Tacoma Narrows. ¿Os imagináis cómo sería ver una estructura gigante, tan grande como es el caso de este puente, prácticamente bailando? Pues bien, el Tacoma Narrows, en 1940, fue capaz de hacerlo. Durante muchos años este error arquitectónico se ha utilizado en las aulas de arquitectura de muchas universidades para explicar los efectos que puede provocar la resonancia sobre los objetos. El Tacoma Narrows lo sufrió en sus propias carnes y, durante más de dos horas hasta su derrumbe final, se combó de forma imposible dando la sensación de estar ante una mega construcción hecha de mantequilla.

Antes de seguir adelantándonos a los hechos, expliquemos un poco su historia y el porqué de este gran error arquitectónico. 


  • Estamos en el año 1938, en Washington, y, tras varias décadas solicitando la construcción de un puente que uniese la península de Kitsap con la ciudad de Tacoma, por fin el proyecto consigue luz verde gracias al económico presupuesto presentado por el ingeniero Leon Moisseiff, que ya había construido otros piezas de la arquitectura tan reconocidas como el puente de Manhattan o el Golden Gate. Este milagroso presupuesto y su precio tan barato, se logra rebajando algunas especificaciones de diseño. Los ciudadanos, entusiasmados con la construcción, verán cómo en septiembre e ese mismo la construcción del Tacoma Narrows se inicia y se finaliza en un tiempo record. Tan solo dos años después. Por fin Tacoma y Kitsap quedaban unidas gracias a un puente que permitiría el paso diario de unos 60.000 coches entre ambos puntos. 


  • El 1 de julio de 1940 se inauguraba así el que sería el tercer puente colgante más largo del mundo con sus 1600 metros. Pero no fue precisamente su longitud lo que haría que el Tacoma Narrows pasara a los anales de la historia, sino una curiosidad todavía mayor y muy peligrosa: el puente se ondulaba cada vez que pasaban coches sobre él o soplaba una pequeña brisa. Como los ingenieros del proyecto aseguraron que este movimiento no afectaba a la estructura, el puente siguió abierto y comenzó a atraer a los curiosos hasta sus pies. Por desgracia, 4 meses y 6 días después, el Tacoma Narrows terminaría desplomándose. 


  • El 7 de noviembre de 1940, el puente dejó de ondularse longitudinalmente y comenzó a retorcerse a ambos lados de la carretera como si se tratase de una gran serpiente. A las 11 de la mañana de ese día ya sólo quedarían en pie sus dos pilares.

¿Qué derrumbó el Tacoma Narrows?

Aunque se suele explicar como un efecto de la resonancia, lo cierto es que ésta sólo afectaba en su oscilación longitudinal, aparentemente sin peligro. Parece ser que el verdadero culpable de este gran desastre de la arquitectura fue la aeroelasticidad. Pensad que si un objeto está inmerso en una corriente de aire, estará sometido a presiones. Si las mismas mueven el objeto, el aire que sopla alrededor del mismo cambiará y provocará, también, un cambio en la manera de provocar las presiones. Esta espiral de acontecimientos supondrá que los movimientos del objeto se multipliquen y vayan cambiando. Si no llega un momento de equilibrio, se producirán fenómenos aeroelásticos que pueden terminar provocando una catástrofe como la del Tacoma Narrows. Aunque a día de hoy su derrumbe sigue provocando grandes debates y controversias, no puede echarse exclusivamente la culpa a la resonancia.


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